Un Amanecer en coma, allá en el templo solar.
En su rimar profundo, la doctrina
de los mares -azul que prevalece
ante los ojos- ritmo que enaltece,
ha transformado en polvo a la retina.
Revienta el avatar, y la cretina
sombra que duele - karma que adolece
en efluvios de sal y permanece,
enciende su demencia repentina.
Alma sin nombre, exigua de cristales
hacia el templo solar, y en el arcano
ya flota tenue y libre en los misales.
Naturaleza dueña del asombro
y los ojos que miran a la mano...
¡un dedo de piedad me toca el hombro! ..
y ya la brisa fría...
