
Sangrando el pecho muero en los relatos,
mi corazón rebosa de bravura;
no, la carroña, puede a mi armadura
ni las ofensas púberes de ingratos.
Manso Quijote soy de buenos tratos
mi dosis doy de encanto y de ternura
y peco, a veces, en crisis de locura
pues mi sudar ya tiene correlatos.
Y escribo ya mi impronta entre corceles
un verso simple, sano y campechano
y que a vuestras mercedes, me remito.
No quiero palmas, gloria ni laureles,
a la palabra busca honrar mi mano,
¡Nací poeta, y anhelo dar mi grito!
