sábado, septiembre 23, 2006


DOGMA



El viento sacude desde los puntos viscerales
las estrategias del tiempo.
Rabiosamente el hombre disminuye su fe
porque considera que otro paradigma
domina su intelecto...

A poco de desmayar su conciencia,
de repente, como hipnotizada,
instruye a su cerebro
la certeza de que sus ojos no ven;
y todo lo que él creía muere
en ese instante.

Ahora el viento declina, cesa
pero la sangre ya no vuelve al cuerpo
y las ideas aparecen en un ambito
donde, potencialmente,
la vida es posible
si los ojos intelectuales
transmutan las esencias.

Mas el cerebro dice ¡basta!

¡Un hombre habrá perdido la batalla
frente a la sensación esporádica de los vientos!

Pero jamás podrá morir aquel instante
en que nació de nuevo la doctrina
-el tiempo vivirá otro segundo -
para la tranquilidad de los mortales.