
Un entrecruzamiento de miradas
y mi razón de ser
en este marzo de claveles.
Ayer soñé contigo
Tú, lo sabes
Y mi ego desmayó
frente a ti.
A singular arpía tengo
sobre mi lecho, desnuda
para romper el hastío.
¡Qué elección!
Junto a este polvo de silencio en la recámara
Que hoy me tiene acorralado
yacen las palabras y mi verso primitivo.
Voy entusiasmado por la dosis de la fuente
En busca de una tarde tranquila
Hacia mi suerte;
Y en el espejo de un alma, o en la virtud de un gran secreto
un enfermo parietal que anhela en ósmosis un beso
quiere parir su impronta en el abismo
y se desvive.
No sé si esperarla
Con aires de nobleza
aquí, sobre mi lecho de jazmines
o prodigar al cielo que me deje
vivir un tiempo más para entender
porque el cuerpo muda en un mañana.
Camino en el sendero
y las aves me saludan.
¡Saben del espanto!
En vez de soñar una resurrección,
un posible rejuvenecimiento en la aurora
me descubro sobre el plinto
sintiendo la soledad más blanca,
el estro que susurra el viento de los Andes
para siempre,
soledad en la cumbre
en un eterno transpirar de lombrices.
Y el hongo espiritual de la nostalgia
que no cesa
Y ya en un silencio póstumo sobre la montaña
en un para qué de sombras,
por fin, en un alud de estremecimientos
un acantilado que vomita la entelequia
sobre el herpes existencial, AFLORA LA POESIA
Y TODO SE RESUELVE EN UNA DICOTOMIA DE MATICES.
"FRESCOS EN DIMENSIÓN DE NUBES,
Y DEL ARTISTA...
LA INEFABLE HUELLA"
