martes, julio 04, 2006

LA MUERTE DE UN PAYASO DE BARRIO



Busco esa máscara de cartón
que se alquila por centavos
en el auditórium;
cuando muerte asoma su nariz
y su latente ingratitud repugna
hasta la blandura de los corazones infantes
que de hedor huyen las moscas.

Y ya desde el altillo del museo de zombis
donde anidan vetustas caras de cera
una voz me grita obscenidades
mientras los ogros se depilan el alma con una lima.

Aprecio que me mires
con tus extremos ojos- le susurro-
y que tus grises desfallezcan
en un mol de sal
y tu armazón de harina
se leude con la siesta.

Pero cuando el delirio se haga eco
de tu sonrisa enmascarada
sabrás que eres presa de tu soledad
y habrá fiesta en el loquero
¿cuántos sombreros habrá en el altillo?

Extravagantes nubes en el cielo
paredes pintadas con graffiti
a la vuelta de la esquina
y una revolución que nunca llega...
y mientras Beethoven brama sinfonías
en la sala Magna
una máscara esboza ausencias
con sollozos de violín...
por la muerte de un payaso
que hacía reír a los niños pobres de mi barrio
cuando asaltaba ¡cruel! el hambre en sus estómagos.