
Cabalgarán al viento, libertinos,
nuevamente los potros cimarrones;
overos, bayos, tintos y marrones
cuando los campos sueñen remolinos.
Y habrá gran fiesta en todos los molinos,
bajo un enorme tul sin nubarrones,
que la lumbrera blanca de Lugones
despertará sus ojos diamantinos.
Relincharán los zainos el aliento
cuando los remolinos del verano
vengan del fuero azul del pensamiento.
¡De remolinos hablo, y no, de vientos!
que su mentis den al orden soberano
y devuelvan la paz a los cimientos.
