
Tal vez, no habré besado a cien mujeres
ni a cien doncellas moras, desvestido;
mas el amor que engalanó mi nido
de luz colmó mi vida y de placeres.
Y auque pecado hube en los ayeres
en el altar, juré frente al Ungido,
ser fiel a mi mujer y buen marido
honrando su virtud con procederes.
Y coseché del vientre enamorado,
a su pecho abrazado y su cariño
el fruto del amor, ¡el más preciado!
Llamé Jesús al hijo, como el niño,
y en EL deposité mi sueño amado
que honróme la sultana con su guiño.
