
Si mi palabra muta por el oro
y mi discurso cambia de sentido,
si por la fama entrego mi decoro
y en el aplauso busco cometido;
si por los goces del placer imploro,
mi prédica dejando en el olvido;
Si mi gritar al viento como toro
ya tenuemente calla su bramido;
Entonces compañeros sientan rabia
-pues traicionero soy del verso puro-,
un impostor del verbo y del vocablo,
un asesino vil de infame labia
que envenenó las aguas de cianuro
y se vistió de Judas como el diablo.
