sábado, julio 08, 2006

EN BUSCA DE LA DAMA DEL TOBOSO



No habrán de ser cien leguas de viaje submarino,
ni setecientas yardas, ni náuticos mil nudos
los que por ti tendré que navegar -opino-
en este mar perenne rompiendo los escudos,

barreras hechas muros por el sin par destino.
Yo venceré la cresta, pariré mis estornudos
y dejaré mi huella tan fresca al peregrino...
y por la simple impronta, serán los labios mudos.

A ti, mi Dulcinea, daré mi corazón
pletórico de amor, de amor caballeresco.
A ti, mi Dulcinea, mi corazón ofrezco

con alma de poeta, muriendo de ternura,
plasmando en el papel mi gozo y calentura
en este oficio dónde, no cabe la razón.